domingo, 6 de enero de 2008

Crónica

LA REALIDAD DE LAS CARCELES CUBANAS.

POR: FARA ARMENTERO



Cuando el recluso, confinado en aquella celda de aislamiento cuya puerta no había sido abierta en mes y pico, llamó al carcelero para que lo llevara al médico porque llevaba siete días con dolor de cabeza, y tenía los pies y las manos acalambrados, la respuesta del funcionario no se hizo esperar: "Negativo... ¡se me perdió la llave!"
Esta frase, conocida por prisioneros y custodios, se utiliza frecuentemente para nombrar a la prisión provincial de Guantánamo.
Por lo que recordando este hecho me viene a la memoria el caso de Juan Carlos Herrera Acosta, preso político que estuvo encerrado por cuatro años en "Se me perdió la llave", padece de vitiligo y la despigmentación de la piel se extiendía por casi todo su cuerpo.
El señaló que su mal se aceleró durante su estancia en ese penal donde, según afirmó, no recibió atención médica y tampoco le permitían tomar el sol, que es un atenuante para esa enfermedad.
"El hacinamiento, la falta de atención médica, el hambre y los maltratos físicos hacen que aunque pasen los años , los reclusos de la cárcel provincial de Guantánamo se sientan como en un campo fascista de exterminio masivo" -
Son las palabras de todo el que pase o conozca de esta penitenciaria cubana.
El caso de Juan Carlos Herrera fue bien difícil, por lo que aun recuerdo cuando me contó que para capturarlo los guardafronteras cubanos le dispararon con proyectiles de guerra, y posteriormente fue juzgado por un tribunal militar que lo condenó a cinco años de encarcelamiento.
También Juan Rodiles Revilla y Andrés Soler Villareño estuvieron presos en este "Se me perdió la llave".
La realidad de las cárceles cubanas es dolorosa y cruel, allí se confinan a los presos políticos y de conciencia en celdas de aislamiento muy húmedas, donde tienen que dormir sobre el piso de cemento y no pueden ni caminar porque el espacio de esos locales es reducidísimo.
"Cuando se reclaman los servicios del médico casi nunca lo proporcionan y los carceleros golpean al solicitante. Si éste intenta defenderse, entonces lo acusan de desacato o desobediencia a la autoridad, o de rebelión; por esto es que la mayoría de los prisioneros políticos encerrados en ese penal enfrentan 10, 15 y hasta 60 años de privación de libertad", apuntan fuentes del penal.
En la prisión se ha organizado el llamado Consejo de Reclusos, integrado por presos comunes y que según los entrevistados no es más que la réplica de las paramilitares Brigadas de Respuesta Rápida porque, ante cualquier reclamación de derechos o quejas de los confinados por causas políticas, agreden a éstos, los golpean con lo que tengan a mano.
Los presos políticos se defienden de estos ataques, pero el asunto queda como una riña entre los reos. El procedimiento es cruel y sutil.
"Hay reclusos que se autoagreden para que las autoridades carcelarias se vean obligadas a conducirlos al hospital. Generalmente se provocan heridas con objetos cortantes o punzantes improvisados, las cuales además de dolorosas casi siempre les causa daños irreversibles.
Hay casos que cuando están en celda de castigo ante el desespero y la impotencia, por las condiciones y el abuso, se cortan ellos mismo los tendones de las piernas, o se hacen cualquier otro tipo de atentado físico.
En cuanto a las condiciones en que ponen a trabajar a los confinados, afirman que "Cuando hay mal tiempo, en vez de poner a los trabajadores agrícolas habituales a hacer las labores de recogida de café, llevan a los prisioneros a los campos, donde tienen que trabajar sin la ropa adecuada para esas labores, muchas veces hasta descalzos, y los ponen a dormir en colchones de malangueta, hierba de río que cuando se seca se llena de chinches y otras alimañas".
A los reclusos que trabajan en el campamento llamado Majimana, ubicado en Bayate, en el municipio guantanamero El Salvador, se les sirve por desayuno medio vaso de infusión, por almuerzo y cena: una pequeña porción de sopa, arroz y un platanito hervido.
De regreso de las labores agrícolas, los confinados deben cargar en sus hombros un tronco de árbol que después se usa como leña para cocinar estos alimentos".
Las autoridades carcelarias les roban parte del dinero que deben recibir como paga. Además, si son sorprendidos comiéndose cualquier fruta, los funcionarios los golpean.
Prisioneros políticos y comunes conviven hacinados en celdas pequeñas, por lo que la mitad de ellos tienen que dormir en el piso.
"El dolor, el horror que se narra en el presidio Político que escribió José Martí palidecen ante lo que se vive en 'Se me perdió la llave', en la prisión provincial de Guantánamo o Combinado de Guantánamo, como también llaman a este penal.
Allí se humilla y se maltrata a los reclusos más allá de lo que pudiera imaginar cualquier mente humana".


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