martes, 10 de junio de 2008

CRONICA




Garantías racionadas

Fara Armenteros


La memoria nos esclaviza de forma inevitable, y nos regresa de un golpe a hechos y sucesos acaecidos en la Primavera Negra, la más cruda represión orquestada por la maquinaria represiva de Fidel Castro.

Hoy viene a mi memoria 'os setenta y siete periodistas independientes y opositores pacíficos -entre ellos una mujer- que fueron sancionados a penas de entre seis y 28 años de privación de libertad y que engrosaron las filas de los cientos de prisioneros políticos cubanos que expiran injustas condenas en las cárceles cubanas.

Después de haber sido sometidos a procesos judiciales sumarios, esperaban las conclusiones del Tribunal Supremo Popular, que por costumbre ratifica las peticiones de su homólogo provincial.

Familiares de los condenados se planteaban que en el proceso y las garantías procesales fueron racionadas. Los abogados defensores tuvieron poco tiempo para preparar sus alegatos y casi todos conocieron a sus clientes momentos antes de comenzar los juicios orales.

Algunos acusados supieron la fecha del juicio cuando les abrieron la reja de su celda para llevarlos al tribunal.

Libros, medicinas, cámaras fotográficas, máquinas de escribir y computadoras ocupadas durante los registros fueron las supuestas pruebas que presentó la fiscalía para apoyar su acusación de delitos contra la seguridad del estado en complicidad con la Oficina de Intereses de E.U. en La Habana.

Todo esto sustentado con documentos públicos de USAID y la NED obtenidos en la Internet.

En los juicios orales la fiscalía presentó como testigos a agentes encubiertos "infiltrados" entre periodistas independientes y opositores pacíficos, cuyos testimonios no aportaron nada "que el mundo no conociera", según familiares que presenciaron las vistas.

La mayoría de las organizaciones opositoras solicitaban su inscripción en el Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia, pero éste no las reconocio

. Son agrupaciones no violentas y transparentes. Sus programas se divulgan por todos los medios de que disponen sus integrantes.

Nada que no fuera de conocimiento público pudieron aportar los agentes Octavio, Miguel, Vilma, Tania, Ernesto… Su "destape", por otra parte, no fue una gran sorpresa para la mayoría de los opositores, ya que tenían "bola de chiva", como se dice en el argot popular cubano.

Según expresaron detalladamente los agentes, se dedicaron a ganarse la confianza del exilio y de los funcionarios de la Oficina de Intereses de E.U. en La Habana para obtener recursos y tratar de demostrar que los norteamericanos auspiciaban las actividades de la oposición cubana.




Es innegable que lograron brillar, aunque como estrellas fugaces a las que ni la persona más ingenua pediría un deseo. Y conste que lo pregunté a decenas de personas.



Un abuelo que enseñaba a patinar a su nieto en la acera de un reparto habanero llegó a decirme: "Yo no quiero saber de quien contribuye a aumentar las penas de las personas encarceladas injustamente". Y añadió: "Piense en el Monumento al Caído y encontrará respuesta a lo que deseo expresar".




Monumento al Caído es el nombre de una gran escultura de bronce que se encuentra en un parque habanero, en la Avenida Ayestarán, y representa a un jinete en movimiento que se inclina y extiende su mano a un hombre que yace en el suelo tratando de alcanzar la mano que le ofrecen.



Los meses de marzo y abril de 2003 fueron un tiempo oscuro para la jurisprudencia cubana, que una vez más se ha visto doblegada por la intransigencia del poder.




Por una parte, la ofensiva contra opositores pacíficos y periodistas independientes. Por la otra, el juicio sumarísimo seguido contra los secuestradores de la lancha Baraguá, en el que tres de los acusados fueron condenados a la pena capital, un proceso que necesitó sólo seis días para juzgar y ajusticiar a los condenados.



El ejemplo más relevante de una sanción caprichosa fue la del doctor Oscar Elías Biscet González, quien volvió a ser encarcelado a los 36 días de haber sido puesto en libertad después de cumplir una condena de tres años de prisión.




Pasó tres meses en la cárcel y fue sometido a juicio nuevamente, y condenado a 25 años de privación de libertad por el mismo delito: defender los derechos humanos del pueblo cubano.



Quien lea esto no podrá comprender como una injusticia san soberbia ocurrio en la isla, y aun esos inocentes esten condenados, sin garantias, sin saber cuando podran ver la luz, maltratados, acosados, humillados, y en medio de un hacinamiento y una mala atención humana que frisa la peor de las indolencias.

viernes, 6 de junio de 2008


Artesanía cubana: una alternativa




Fara Armenteros


El trabajo artesanal del cubano en la actualidad puede decirse que tiene dos aspectos: uno es la expresión artística y el otro la confección de objetos de adornos y el uso cotidiano.
Este quehacer artesanal arranca con fuerza a finales de los años 70 cuando grupos de personas con habilidades manuales y talento artístico, utilizando materiales desechables para la industria, rescataron oficios que parecían perdidos.
Carpinteros, modistas, herreros, bordadoras, joyeros, talabarteros, tejedoras, alfareros y otros, confeccionaron piezas de mucha calidad y belleza que tuvieron oportunidad de exponer y vender los sábados en la Plaza de la Catedral.
El ingenio del cubano se puso en función de resolver sus propias necesidades, y muy pronto los Sábados de la Plaza se convirtieron en un mercado que se extendió a las calles que dan acceso a la Catedral y hasta la Plaza de Armas.
"Allí se vendía de todo, ropas, zapatos, joyas, adornos, pero lo bueno dura poco", dice un artesano que participó en la actividad. "Aquello se acabó y un buen día la policía amaneció deteniendo artesanos en sus casas, que luego fueron enjuiciados y sancionados a privación de libertad, acusados de actividad económica ilícita... Todo les fue decomisado, es un riesgo que corre todo aquél que trata de levantar cabeza por su cuenta en este país", concluyó y no quiso dejar su nombre porque "no hace falta, ocurrió así, pregúntale a cualquiera".
No tengo que preguntar más. "Conozco de muy cerca lo sucedido", le contesté.
Actualmente el movimiento artesanal cubano es tolerado por las autoridades aunque con muchas restricciones.
Los artesanos artistas, como los artistas plásticos, pueden exponer y vender sus obras en las galerías de arte y tienen fuertes gravámenes sus piezas. El estado es el único autorizado para comercializar obras de arte y de artes aplicadas.
En las ferias donde participan los artesanos que fabrican y venden objetos de utilidad cotidiana, cacharros de cocina, ropas, adornos, calzados y hasta souvenirs para turistas los artesanos pagan un impuesto en divisas que les permite vender en moneda nacional y en dólares. Este gravamen oscila desde 26 hasta 159 dólares, según el producto que se confeccione.
Los que venden en la feria de la Habana Vieja necesitan una autorización de la Oficina del Historiador, que les emite un carnet y una credencial, ambos con su fotografía y que entrega la dirección de identificación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) al precio de seis dólares cada una. Por el espacio donde se sitúan para vender pagan 60 pesos diariamente y no se admiten inscripciones de nuevos artesanos.
Las ferias cuentan con la aceptación de la población, que tiene la posibilidad de comprar en moneda nacional, artículos de calidad. "Aunque los precios son altos puedo comprar con el dinero del salario. Y los zapatos, por ejemplo, son mejores que los de la shopping", asegura una mujer que lleva en una jaba un par de zapatos que compró para su hijo de 7 años al precio de 210 pesos. "Hace tres meses le compré un par de zapatos en la tienda, que me costaron 14 dólares (364 pesos al cambio) y a la segunda puesta regresamos a la casa con un zapato en la mano, se le despegó la suela completa", concluyó.
"El precio que ponemos a nuestras mercancías", señala un artesano que vende en la feria de la Virgen del Camino, en el municipio capitalino San Miguel del Padrón, "está en dependencia de los impuestos, el gasto en materiales, que por lo regular tenemos que adquirir en divisas... Todos los gastos de producción corren por nosotros... esta relativa independencia, tiene su precio. No me quejo, y tratamos de mantener la calidad de los productos porque es la garantía de nuestra permanencia... Cuando el gobierno lo entienda, elimina esta actividad económica alternativa, como ha sucedido mas de una vez".
En la capital cubana funcionan ferias de artesanía en varios municipios. Los más nombrados son los de la Habana Vieja, frente al Seminario San Carlos, en el malecón Habanero y en La Rampa, también los de La Palma y la de la Virgen del Camino.

lunes, 17 de marzo de 2008

Musica Cubana

MUSICA CUBANA


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domingo, 2 de marzo de 2008

CRONICA

El decomiso de productos
agrícolas en la isla

POR: FARA ARMENTERO.



Torriente es un pueblecito ubicado en el municipio Jagüey Grande en la provincia cubana Matanzas, muy cercano a la Ciénaga de Zapata. Allí reside Teresa, Cecilio y sus tres hijos. El es nacido en Torriente, la esposa y los niños en la capital del país.

Cuando los hijos de esta pareja eran niños vivían con la madre en La Habana, mientras Cecilio trabajaba y residía en su pueblo natal. El hombre iba a la capital cada dos o tres meses y le llevaba a su familia viandas, frijoles, frutas y miel de abejas, entre otros productos agrícolas.

Por su parte, Teresa compartía los alimentos que le llevaba su esposo con familiares y vecinos.

Un día la maestra de primer grado Magdalena visitó a Teresa y le dijo a ésta: "Mira lo que me dio Wilmer (el más pequeño de los tres hijos de la pareja)", al tiempo que sostenía un hermoso mango entre las manos.

"Sí, ¿tienes miedo comerlo?", le contestó jocosamente a la educadora.
"No, Teresa, es que como él me lo regaló no sé si tú tienes conocimiento de ello" -explicó Magdalena.

"Mira, no te preocupes Magdalena, desde anoche Wilmer separó ese mango para tí -apuntó la madre del niño- mira a ver qué haces con él".

"¿Con el mango o con el niño, que es uno de los que me tiene el aula revuelta?" -inquirió la maestra.

"Con los dos. De todos modos muchas gracias por la preocupación" - añadió Teresa.

Tanto Teresa como su esposo siempre actuaban de esta manera para aliviar alguna necesidad. Lo hacían alegre y sinceramente.

Con el tiempo y gran esfuerzo Cecilio pudo fabricar una casa pequeñita y comenzaron a vivir juntos en Torriente.

Por suerte, este compatriota se libró del peligro de seguir con sus viajes a La Habana.

Un mal día 17 personas fueron detenidas por la policía en el tramo de la autopista nacional que conduce a Torriente, según me afirmó Luis Amaya Fleites, un residente de la zona. La mayoría de los detenidos eran mujeres. Llevaban jabas con productos agrícolas. Les decomisaron los alimentos y les impusieron multas a todos.

"La gente considera arbitrario este procedimiento porque todo el que carga viandas, frutas, hortalizas y otros productos hacia La Habana no siempre es para lucrar, y generalmente los que comercian con ellos lo hacen para ganarse el sustento de cada día" -me comento Amaya Fleites.

No mas de una vez se han levado arrestadas a varias personas que comercian con productos agrícolas, Hubo un caso en que un carro patrullero se volcó por ir a exceso de velocidad. "La policía no sólo pone en riesgo la vida de sus integrantes, sino también la de los detenidos" -precisó el hombre.

Recuerdo que mientras Amaya Fleites me narraba estos hechos pensé en Cecilio, Teresa y sus hijos.

Menos mal -pensé- que Cecilio ya no tenía que llevarle alimentos a sus hijos a la capital, ¿quién sabe qué le hubiera sucedido a este buen padre?

CRONICA


Por; Fara Armenteros


Qué es lo que queda de La Habana, hace varios dias que me lo estoy preguntando, pues para los turistas "dirigidos" y para la élite pudiente del país, la ciudad capitalina es un paraíso. Sin embargo, para el ciudadano común esta capital de Cuba día a día se asemeja más a un territorio desolado.


Los parques del centro de la capital, como el parque Central y el de la Fraternidad, lejos de ser lugares de recreación son lugares con caras tristes; con largas colas (filas) de personas en espera del transporte público, que luego viajan como "no personas", sin ventilación, hacinados y luchando contra los carteristas y los acosadores sexuales.


Camiones llenos de policías transitan por esta ciudad y descargan en cada cuadra una pareja de ellos. No falta la escena de cada día donde un policía registra a un joven negro en plena calle, sin pedirle disculpas al concluir el cacheo, que generalmente no aporta ninguna prueba delictuosa. O sea, que fue infructuoso e injusto.


Del otrora animado Boulevard de San Rafael sólo queda el recuerdo. Muchas tiendas han sido cerradas y otras no venden nada. Dos de los tres cines también fueron clausurados.


La afamada tienda Fin de Siglo no abre sus puertas, sino que habilitó algunos mostradores en sus portales y aceras para vender objetos de poco valor como ropa vieja (que llaman reciclada). Es un proyecto la restauración de esta tienda a fin de incorporarla al comercio dolarizado, lo que excluirá a los trabajadores cubanos, cuyos salarios son en moneda nacional, como sucedió con La Epoca.


Pero lo más impresionante de La Habana es ver a los ancianos que piden limosnas "para comer algo". Una modalidad nueva es que algunos de estos viejecitos meten la cabeza por las ventanillas de los vehículos que circulan por la capital al mismo tiempo que piden "una peseta, por favor, es para comer algo". Se trata de personas sin protección filial ni estatal.


Uno de estos hombres que vive de la mendicidad pernocta en la esquina de Toyo en oscuros rincones de esa zona de La Habana. Se nombra Lázaro Fresneda, tiene 52 años, y es alcohólico. No tiene libreta de racionamiento ni carné de identidad hace años.


Trataron de internarlo en Mazorra (Hospital Psiquiátrico de La Habana), pero como es limitado físico tiene que ser tratado de manera ambulatoria en Higiene Mental, lo que nunca hará porque su mente está perturbada y su economía es nula.


Quizás la madre de Fresneda, la Sra. Carmelina González, de 83 años, quisiera ayudarlo, pero a su vivienda -situada en la loma de la Iglesia de Jesús del Monte- se le cayó el techo y hace 18 años que tramita infructuosamente la reparación con el Poder Popular del municipio 10 de Octubre, por lo cual vive agregada en casa de una hija, que es jubilada y muy humilde.


Carmelina González se queja: "Si hubiera tenido dinero hubiera arreglado mi casa, pero tengo que esperar a que los funcionarios de la Vivienda se conmuevan con mi caso". La casa de la anciana nadie la ve, no obstante estar ubicada en una loma y en un lugar histórico.

domingo, 6 de enero de 2008

Crónica

INJUSTICIAS RACIALES.


Por : Fara Armentero




Se va un año y llega otro y el gran número de jóvenes negros internados en cárceles cubanas es uno de los indicadores de que la integración racial ha fracasado.
Las autoridades no han podido poner fin a este flagelo heredado de la esclavitud africana en la isla y que cada día llama la atención de sectores más amplios en la sociedad que expresan su preocupación al respecto.
Es evidente que en determinadas disciplinas como el deporte, la música, la danza folclórica, la enfermería, la policía -que oferta altos salarios- la participación de negros es significativa.
En trabajos investigativos realizados por el Movimiento de Integración Racial Independiente (MIR) en la isla , se puede apreciar que los negros y mestizos afrontan muchas dificultades para obtener empleos considerados buenos, aunque posean el nivel educacional requerido en estos cuarenta y nueve años de Castrismo.
Es excepcional, por ejemplo, encontrar a una joven negra que sea dependiente de las tiendas dolarizadas. "A duras penas se ve en ese tipo de comercio a una Mulatica bonita. Y si hubiera una excepción, es suficiente para justificar la regla", es el comentario general. En más de una ocasión, la falta de sensibilidad humana ante este fenómeno alcanza niveles de crueldad. Por lo que trayendo a colación el recuerdo expongo el siguiente ejemplo que es ilustrativo:
Mario Alberto Pérez Aguilera es un recluso común que estuvo en huelga de hambre durante 46 días junto al hoy expreso político "Antúnez", en la cárcel "Nieves Morejón", ubicada en la provincia Sancti Spíritus.
En una de las tantas ocasiones ese preso, Inés Pérez Aguilera, informó que Alberto inició otra huelga de hambre, porque entendía que los carceleros obstruían los trámites que pudieran librarlo de una condena de 48 años de prisión, ¡por el presunto robo de un cerdo!
Más significativo que la sanción desproporcionada, fue que el día del supuesto robo Alberto se encontraba en el campamento de reclusos La Angelina, en el municipio Jatibonico, provincia Sancti Spíritus, y el jefe del penal en ese momento, Julio González Guillén, dio fe de esto en carta dirigida a las autoridades que revisaban la causa.
De acuerdo al criterio de especialistas en Derecho Penal, sanciones tan severas sólo se aplican a reincidentes. Los especialistas, que no quisieron ser identificados, rehusaron explicar por qué hay tantos reincidentes.
Y aunque en todas partes del mundo y en todas las épocas han existido personas que se apropian de lo ajeno, ya es hora de responder por qué tantos jóvenes cubanos, principalmente negros que nacieron en la era socialista, están encarcelados por cometer delitos de robo con fuerza de manera reiterada.
Hubo una etapa en Cuba, y los que la vivieron pueden dar fe, que la leche se despachaba a domicilio y el litro -o los litros- de leche se dejaban en la puerta de los clientes en horas de la madrugada, y nadie se los robaba.
Ahora a nadie se le ocurriría dejar, no digo un litro de leche, ni siquiera un periódico en la puerta de su casa

Crónica

LA REALIDAD DE LAS CARCELES CUBANAS.

POR: FARA ARMENTERO



Cuando el recluso, confinado en aquella celda de aislamiento cuya puerta no había sido abierta en mes y pico, llamó al carcelero para que lo llevara al médico porque llevaba siete días con dolor de cabeza, y tenía los pies y las manos acalambrados, la respuesta del funcionario no se hizo esperar: "Negativo... ¡se me perdió la llave!"
Esta frase, conocida por prisioneros y custodios, se utiliza frecuentemente para nombrar a la prisión provincial de Guantánamo.
Por lo que recordando este hecho me viene a la memoria el caso de Juan Carlos Herrera Acosta, preso político que estuvo encerrado por cuatro años en "Se me perdió la llave", padece de vitiligo y la despigmentación de la piel se extiendía por casi todo su cuerpo.
El señaló que su mal se aceleró durante su estancia en ese penal donde, según afirmó, no recibió atención médica y tampoco le permitían tomar el sol, que es un atenuante para esa enfermedad.
"El hacinamiento, la falta de atención médica, el hambre y los maltratos físicos hacen que aunque pasen los años , los reclusos de la cárcel provincial de Guantánamo se sientan como en un campo fascista de exterminio masivo" -
Son las palabras de todo el que pase o conozca de esta penitenciaria cubana.
El caso de Juan Carlos Herrera fue bien difícil, por lo que aun recuerdo cuando me contó que para capturarlo los guardafronteras cubanos le dispararon con proyectiles de guerra, y posteriormente fue juzgado por un tribunal militar que lo condenó a cinco años de encarcelamiento.
También Juan Rodiles Revilla y Andrés Soler Villareño estuvieron presos en este "Se me perdió la llave".
La realidad de las cárceles cubanas es dolorosa y cruel, allí se confinan a los presos políticos y de conciencia en celdas de aislamiento muy húmedas, donde tienen que dormir sobre el piso de cemento y no pueden ni caminar porque el espacio de esos locales es reducidísimo.
"Cuando se reclaman los servicios del médico casi nunca lo proporcionan y los carceleros golpean al solicitante. Si éste intenta defenderse, entonces lo acusan de desacato o desobediencia a la autoridad, o de rebelión; por esto es que la mayoría de los prisioneros políticos encerrados en ese penal enfrentan 10, 15 y hasta 60 años de privación de libertad", apuntan fuentes del penal.
En la prisión se ha organizado el llamado Consejo de Reclusos, integrado por presos comunes y que según los entrevistados no es más que la réplica de las paramilitares Brigadas de Respuesta Rápida porque, ante cualquier reclamación de derechos o quejas de los confinados por causas políticas, agreden a éstos, los golpean con lo que tengan a mano.
Los presos políticos se defienden de estos ataques, pero el asunto queda como una riña entre los reos. El procedimiento es cruel y sutil.
"Hay reclusos que se autoagreden para que las autoridades carcelarias se vean obligadas a conducirlos al hospital. Generalmente se provocan heridas con objetos cortantes o punzantes improvisados, las cuales además de dolorosas casi siempre les causa daños irreversibles.
Hay casos que cuando están en celda de castigo ante el desespero y la impotencia, por las condiciones y el abuso, se cortan ellos mismo los tendones de las piernas, o se hacen cualquier otro tipo de atentado físico.
En cuanto a las condiciones en que ponen a trabajar a los confinados, afirman que "Cuando hay mal tiempo, en vez de poner a los trabajadores agrícolas habituales a hacer las labores de recogida de café, llevan a los prisioneros a los campos, donde tienen que trabajar sin la ropa adecuada para esas labores, muchas veces hasta descalzos, y los ponen a dormir en colchones de malangueta, hierba de río que cuando se seca se llena de chinches y otras alimañas".
A los reclusos que trabajan en el campamento llamado Majimana, ubicado en Bayate, en el municipio guantanamero El Salvador, se les sirve por desayuno medio vaso de infusión, por almuerzo y cena: una pequeña porción de sopa, arroz y un platanito hervido.
De regreso de las labores agrícolas, los confinados deben cargar en sus hombros un tronco de árbol que después se usa como leña para cocinar estos alimentos".
Las autoridades carcelarias les roban parte del dinero que deben recibir como paga. Además, si son sorprendidos comiéndose cualquier fruta, los funcionarios los golpean.
Prisioneros políticos y comunes conviven hacinados en celdas pequeñas, por lo que la mitad de ellos tienen que dormir en el piso.
"El dolor, el horror que se narra en el presidio Político que escribió José Martí palidecen ante lo que se vive en 'Se me perdió la llave', en la prisión provincial de Guantánamo o Combinado de Guantánamo, como también llaman a este penal.
Allí se humilla y se maltrata a los reclusos más allá de lo que pudiera imaginar cualquier mente humana".